LA CARACOLA Y LOS DIAS DE CECI MIRO

Escribe: Gustavo De La Peña Aviles

Arropada por sus amigos el pasado jueves Ceci Miró presento su libro Caracola de mis días en la Galería del Cerrito del Timbre, un espacio adjunto a la Casa de la Cultura de Cabo San Lucas que en los últimos meses ha cobrado un gran dinamismo bajo la dirección de su coordinador el maestro Héctor Santiesteban, siendo constante que la galería abra sus puertas a presentaciones editoriales, conversatorios estudiantiles y exposiciones fotográficas y plásticas. Precisamente la presentación de los textos de Miró no pudo haber tenido mejor telón que los desnudos bosquejados por Karla de Jesús, pintora local que por cierto está ofreciendo un taller de dibujo anatómico en el mismo lugar con buena respuesta por parte de la ciudadanía que rápidamente agoto los lugares.

Y al igual que la modelo que esta posando sin nada de ropa para que los artistas plasmen su figura en el papel, Ceci inicio su presentación comentando que el escritor se desnudaba cada que compartía sus textos, esa colección de escritos que fue juntando a lo largo de mucho tiempo y que van desde los versos de amor en los que declara la pasión y lanza reproches a la soledad, hasta la carta a su nieto recién nacido y relatos de la vida cotidiana, esos episodios en los que peleamos con los aparatos electrodomésticos, nos sumergimos en un almacén que en sus escaparates solo se puede hallar recuerdos o ese amor a primera vista que creemos haber encontrado haciendo fila en una oficina municipal.

La escritura de Ceci Miró es ligera, sin velos o ropajes que la cubran, su libro se puede leer de un solo sentón y sin separar los ojos del papel en una hora, pero sin duda para disfrutar cada una de las líneas hay que prepara una taza de té o una copa de buen vino y en el silencio de la media noche perderse en el tiempo en que Ceci sintió, amo, olvido y fue viviendo sin perder cada minuto de sus días con una caracola al oído, en la que resonó el eco de uno de los versos que más me gustaron de su libro:

Me haces falta y no lo sabes:

falta tu abrazo para andar el día;

ni la madrugada se conforma con mi añoranza.

Me haces falta y no lo sabes:

faltas aquí, conmigo, cercano, presente;

falta tu aliento matutino, tu entrega nocturna;

faltas cuando el día trascurre y no llego a ti.

Me haces falta y no lo sabes:

faltas en mi cama,

en mi mesa y en mi andar;

en mi vida, a cada instante,

aquí y cuando ando por ahí.

Me haces falta y no lo sabes.

Me haces falta y yo lo se.

 

*Agradezco al maestro Roberto Cuétara, director del Museo de Historia Natural, por haberme obsequiado el libro de Ceci Miró, que escribió una afectiva dedicatoria en la primera página ¡Gracias!


Imagenes cortesia de la Casa de la Cultura de Cabo San Lucas








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